
El instituto Grafotécnico conocido
como El Grafo por los profesionales del periodismo y
la comunicación en general cumple setenta cinco años de
actividad ininterrumpida, habiendo dado a la sociedad de nuestro
país y muchos otros de Sudamérica destacados comunicadores que,
con su nombre y trabajo, han honrado a la institución y la
profesión toda. A raíz de este acontecimiento le hemos
solicitado al actual rector del Grafo, Lic. Sergio Falvino una
visión panorámica de la realidad y la historia de la casa
que dirige.-
El Instituto Grafotécnico, más de 75 años
de ética periodística
Sergio
Falvino
En una
entrevista concedida a raíz de su medio siglo con el periodismo,
Ulises Barrera, egresado del Instituto Grafotécnico, afirmaba: Un
buen educador enseña a través de su modelo de conducta y de
ética y así, los periodistas podemos cumplir con las tres
columnas que sostienen nuestra profesión: ser militantes de la
cultura, de la libertad y de la ética. La educación
ya no forma, apenas instruye. En el viejo Grafo - urgaba en
su memoria U. Barrera - recibíamos de los profesores menos
palabras y más ejemplos. A esto se reduce el misterio de la
educación. En nuestra comunidad -
comentaba - cada vez es más infrecuente el hábito de pensar,
al que el periodismo debe estimular con su ejemplo y modelo
Y a partir de su gran experiencia periodística concluía: El
periodista debe tener visión de 360 grados aunque su afirmación
sea una parcela de ese universo de conocimientos [...] debe
ser capaz de abarcar una lectura de la realidad mundial.
En este mismo
orden de ideas, el Profesor Hugo Aznar, docente de ética
Pública y ética del Periodismo de la Universidad CEU de
Valencia, España, escribía: Se plantea la importancia
creciente de los medios de comunicación y cómo influyen cada
día más y en más ámbitos de la vida de nuestras sociedades,
lo que hace no sólo oportuno sino imprescindible plantearse los
criterios éticos que deben guiar de algún modo su actividad,
así como la responsabilidad que todos tenemos a la hora de que
tales criterios se apliquen. Los profesionales
- confirmaba el Profesor Aznar -deben asumir la
responsabilidad principal en la defensa de los valores de la
comunicación social. Frente a las exigencias económicas (del
empresario y de otros profesionales que concurren a la actividad
de los medios) y además de las cuestiones tecnológicas (que
también deben conocer), el profesional es quien está llamado a
incorporar, a través de su labor cualificada, los aspectos
normativos a la comunicación social. Los aspectos éticos de la
comunicación deben entrar en el proceso productivo de los medios
gracias a los periodistas, mediante su cualificación y
preparación teórica y su compromiso y experiencia prácticas.
éstos son los
objetivos que el Instituto Grafotécnico, Escuela Superior de
Periodismo, se ha prefijado desde sus orígenes, hace más de 75
años. El lema elegido el 24 de mayo de 1934 para inaugurar las
actividades del Instituto fue el siguiente: Mejorar el
magisterio de la prensa es elevar el nivel intelectual y moral de
toda la nación. El mismo sintetizaba la propuesta de
esta nueva Alta Casa de Estudios - la primera en su tipo en
Buenos Aires - que abría sus puertas para formar periodistas.
Tampoco fue arbitraria la elección del emblema de la
institución acerca del cual se dió la siguiente explicación: La
estrella simboliza la orientación y la iluminación que es la
misión esencial del maestro de la prensa; la flor significa
belleza y delicadeza, condición necesaria para la eficacia y
difusión del magisterio escrito.
En los primeros años de 1930
anduvo por Buenos Aires un sacerdote español, el padre Zacarías
de Vizcarra, alejado de su patria por las turbulencias de la
época. Era un espíritu inquieto y deseoso de fundar su fe
religiosa en conocimientos sólidos y acordes con las demandas
del siglo en que debía proclamar su ministerio. De su paso entre
nosotros quedan rastros a raíz de su colaboración en el
surgimiento de los Cursos de Cultura Católica, parcial
antecedente de la actual Universidad Católica Argentina, del
Ateneo de la Juventud, de la desaparecida Radio Ultra y, en
especial, del Instituto Grafotécnico.
Vizcarra tenía un interés preciso
y bien meditado en crear un lugar de formación cristiana para
quienes tuviesen que trabajar en los medios de comunicación. La
opción del sacerdote fue clara: él quería un establecimiento
cristiano y no confesional, entendido lo primero como una
cátedra inspirada en la jerarquía de valores que entraña el
cristianismo como visión de las cosas, y lo segundo como un
rechazo a las posiciones que denoten sectarismo y que amenacen la
unidad del cuerpo comunitario.
El primer Consejo Superior -
organismo tutor del Instituto en los primeros 20 años - fue
presidido por el Doctor Vicente C. Gallo, rector de la
Universidad de Buenos Aires; lo secundaban, entre otros, el
arquitecto Alejandro Christophersen, los historiadores Rómulo
Carbia, Carlos Ibarguren y Salvador Oría; los novelistas Manuel
Gálvez y Gustavo Martínez Zuviría; y los críticos y
ensayistas Juan Pablo Echagüe y Juan B. Terán.
Antes de regresar a España, en
1936, el padre Vizcarra le pidió al padre Ercole Gallone, de la
Compañía de San Pablo, que la Obra Cardenal Ferrari se hiciera
cargo de la Escuela Supeior de Periodismo. Vizcarra fue el primer
director del Instituto; en los siguientes años se sucedieron en
el cargo Alfonso Raffaelli, Hugo Parpagnoli, Luis Gil Montoya,
Basilio Uribe, Guillermo Meque, Francisco Papini, Antonio Díaz
Funes, Alcibíades Manuel Córdova Alsina, entre muchos otros.
En 1958 el Instituto fue trasladado
a un edificio histórico en la calle Moreno 1921 entre Combate de
los Pozos y Sarandi, a dos cuadras del Congreso de la Nacion, en
donde se encuentra actualmente su Sede.
Sin querer agotar la lista, podemos
recordar brevemente a algunos de los profesores que formaron a
varias generaciones de periodistas: Angel Battistessa, Rodolfo
Franco, Juan Santos Valmaggia, Nicanor Costa Méndez, Leandro
Pita Romero, César Magrini, Eduardo Roca, Rinaldo Poggi, Mariano
Grondona, Nicolás Oscar Güell, Julio Mafud, entre muchos otros.
Y muchos e ilustres también fueron los alumnos que frecuentaron
sus aulas.
Pero más allá de los cambios
determinados por el paso del tiempo, nuestra Escuela ha podido
mantener un espíritu singular encarnado por sucesivas camadas de
directivos, profesores, estudiantes y personal no docente. Un
espíritu que describió el profesor Fernando Sánchez Zinny de
este modo: El famoso clima del Grafo, la gran familia
que logró la convivencia de generaciones separadas por tantas
cosas, que hizo posible la libre exposición desde la cátedra de
ideologías adversas y su libre comentario por parte de los
alumnos, que encauzó discusiones fecundas, que tendió tan a
menudo mantos de comprensión y de afecto, todo eso en medio de
las graves, las terribles alteraciones que el mundo, el país y
la especie humana han sufrido en el curso de las últimas
décadas.
éstas son las condiciones de
estudio que nuestro histórico Instituto, la gran familia del Grafo,
sabe ofrecer a sus estudiantes, éste es el secreto de su valor
agregado: a una seria instrucción en las técnicas
periodísticas, actualizadas con las nuevas tecnologías, se une
una sólida formación humanística basada en la jerarquía de
valores cristiana. Yo creo - concluimos a modo de corolario
con las palabras del querido maestro Ulises Barrera - que hay que
enseñar periodismo de pe a pa. Entiendo que a los
estudiantes hay que enseñarles que son periodistas apenas
alguien les pide que hagan una nota. A mi me llaman maestro y yo
digo que soy alumno porque todos tenemos que vivir en permanente
tarea de aprendizaje. Pobre el maestro que así no lo entienda
porque nadie da lo que no tiene, y para dar hay que seguir
forjándose.
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